Pertenencia

Pertenecer a un sitio, a una tierra, a un lugar, a una familia, a un grupo de amigos, a un trabajo, a una persona.

El arraigo, ese sentimiento tan visceral y difícil de explicar con palabras. El sentirse parte de algo, el tener la sangre mezclada con la tierra que te vio nacer, el que te duela lo que duele a un paisano, el palpitar del corazón acelerado cuando sientes que ha habido una catástrofe natural en el sitio del que dices ser.

La sensación de pertenencia a alguien. La paz de considerar casa a otro ser humano. La tranquilidad del cálido abrazo de quien te comprende. La liberación del bastón humano que no te deja caer. El placer de saber que es tu roca cuando tú solo puedas ser arena que se escapa entre las manos. La seguridad de que conozca tus mayores sombras y las acoja como suyas, haciendo que salga el sol por entre las nubes cuando te envuelve con su paciencia y amor.

¿El hombre es un lobo para el hombre? Puede, pero en realidad no somos islas.

No man is an island.

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