No importa

A veces parece que es el fin del mundo, que lo que te acaba de pasar es lo peor, que no tiene remedio, que es insufrible, insuperable, irremediable, insoportable (y suma todas la palabras propias de una drama queen que se te ocurran). Y, bueno, vale… en ese momento es algo que realmente te duele, te incomoda o, en definitiva, te rompe el día.

Porque, por desgracia, no podemos controlar lo que nos rodea. Y por mucho que intentemos seguir todas las pautas recomendadas (madrugar, un desayuno healthy, trabajar con ganas, socializar, deporte, tareas de la casa), hay cosas que se escapan a nuestro control. O personas. O situaciones. O conversaciones. O lo que sea.

Porque, muy a nuestro pesar, lo único que podemos controlar es… nada. Es así. Te puedes hacer amigo de tu rutina y aferrarte a ella, pero alguna vez que otra te fallará. Y ahí tendrás que ser capaz de adaptarte a lo que haya ocurrido para sacarte de tu rueda de hámster.

Porque, como bien sabemos, el día a día está lleno de pequeños obstáculos que saltar. Y nos empeñamos en quejarnos, en sofocarnos, en darles todo el protagonismo que no se merecen. Que sí, que son un incordio. Pero, no, no merece la pena estar con un disgusto, un sofoco, un dolor de tripa o de cabeza, un cabreo estúpido porque algo no ha salido como esperábamos.

No importa. En serio, hazme caso: no importa. Vale, tómate un rato y lo vives con toda su intensidad: te enfadas, se lo cuentas a alguien, das un grito por la ventana o diez vueltas a la manzana. Lo has hecho, ¿verdad? Pues ya está, deja que se vaya. No le permitas que se quede dentro de ti, porque ya me dirás qué se ha merecido ese disgusto, esa persona, esa situación para ser parte de ti. Nada, lo que ha hecho es torcerte el día. Así que coges y lo enderezas, que eres muy capaz de ello.

¿Sabes por qué? Porque no importa, en serio. Lo que importa es quien te ha ayudado a desahogarte, quien te ha hecho reír, quien te ha mandado el gif de gatitos, quien te ha mandado el tuit del día, quien te ha dado un abrazo, quien te ha escuchado, quien te ha llamado, quien te ha buscado, quien se ha disculpado, quien te ha sacado del bucle ese en el que te habías instalado.

¿Y lo demás? Lo demás no importa.

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