Lapsus

El otro día Brunetina se acordó de ella. Bueno, vamos en primera persona: el otro día me acordé de ti. Estaba haciendo planes, organizando mi fin de semana, pensando en la gente a la que iba a ver… vamos, lo normal de cualquiera justo antes de unos días libres. Y justo en ese momento, cuando repasaba mentalmente el listado de personas a visitar, te colaste. Sí, sin más. Sin avisar, sin una llamada y sin pedir permiso. Pensé: pues esta tarde voy a verte.

Cómo describir el asombro al darme cuenta de ese lapsus. El estupor, la sorpresa, el susto, la pena, el dolor, el desgarro. Cómo ser capaz de usar las palabras para describir esas sensaciones. Que sí, que Brunetina sabe que pensamos en palabras (o al menos así lo afirman muchos lingüistas), pero una cosa es conocer la teoría o estudios al respecto, y otra muy diferente e intentar demostrar que es cierta.

Es algo que le pasa a veces a Brunetina. no poder verbalizar sentimientos o sensaciones. Es algo muy suyo, sí, pero también muy incómodo. Porque a ver cómo se puede uno librar de una losa que le oprime el corazón cuando no encuentra la manera de contar lo que está viviendo. Cuando el lenguaje es un impedimento, es una herramienta insuficiente para exteriorizar la maraña de sensaciones que bullen por tu cerebro. O por tu alma, no sé, por qué no. Y este era uno de esos casos: era una situación totalmente inesperada, desagradable, incómoda y para la que no estaba preparada.

Quizás sea cierto que las personas no desaparecen mientras sigamos pensando en ellas. Pero es que si eso es verdad… estás más presente que antes porque es prácticamente imposible que pase una semana completa sin acordarme de ti. De tu forma de reírte con una timidez muy infantil, de tu forma de contar anécdotas con todo lujo de detalles, de tus preguntas sobre la vida en la ciudad, de tus consejos de moda, de tus sofocos con la política. Y lo que te hacía rabiar, que me encantaba. Tenías tan buen carácter que hasta eso te gustaba de mí. Pero es que de ti me gustaba todo. Y ese todo te lo llevaste contigo. Y a ver, dime tú, lo que hacemos los que nos quedamos atrás con este vacío.

Vale, vale: llevas razón. No tiene sentido acordarme de ti para regañarte. Pero hazme un favor, te lo pido. Tómate una tapita de jamón (no tomabas carne, no, pero el jamón no lo perdonabas) y una cerveza helada a mi salud, ¿vale? Y yo brindo por ti con la mía.
Y a los que me habéis leído: dadle un beso y un abrazo a quien tenéis al lado y sed felices, porque sabemos cuándo venimos y no cuándo nos toca irnos. No merece la pena preocuparse por tonterías. El amor todo lo puede y es lo único que importa.

¡Sed felices! Se os quiere.

P.D.: Sí, he llorado como una idiota escribiendo esto. No os juzgaré si os pasa igual al leerme 🙂

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