No intimidas

Hazme caso: no es así. El que seas una mujer atractiva, inteligente, con un buen trabajo, con aspiraciones, inquietudes e intereses… no intimida a nadie. Bueno, salvo a las personas inseguras, claro. Porque alguien que no está muy seguro de su propia valía preferirá fijarse en alguien que considera inferior, una persona que no le robe su propio brillo, que no cuestione sus aficiones, que no resalte su propia falta de valía.

Deja de creer en esas cosas: la gente no lleva razón. No porque lo digan otros va a tener malor que lo que tú bien sabes. Porque no hay ningún hombre en el mundo que tenga una cita con una mujer guapa, con conversación, divertida, y diga: “no quiero volver a verla nunca más en mi vida”. Y si necesitas verlo desde otra perspectiva para que tenga más sentido, dale la vuelta a la tortilla. Piensa en una cena con un hombre culto, atractivo, interesante, con conversación, con las ideas claras… ¿querrías volver a verlo? Eso es, no lo olvides.

Pero considera otro escenario: una persona que se gusta tanto, que se tiene a sí misma en tan alta estima que no hace otra cosa que no sea hablar de sus ocupaciones, opiniones, intereses, hábitos. Alguien que se pasa la cena contando sus historias, hablando de “su libro”. Alguien que es incapaz de pararse a escuchar, de quedarse callada esperando que la otra persona tenga un momento para participar. Alguien tan inseguro que no sabe más que hablar de sí mismo. Esa persona, hombre o mujer, no le gusta a nadie. Esa mujer que necesita ser constantemente el centro de atención en realidad es alguien lleno de inseguridades, asustado porque no se considera lo suficientemente interesante como para gustar si no es siendo la protagonista en cada momento. Ese hombre que se cree que atrae contando todas sus anécdotas no es consciente de que lo que transmite es falta de autoestima y un gran complejo de inferioridad.

Sé la persona tan segura de sí misma que sabe que aquel que tienes al otro lado necesita su espacio – que lo escuches, que le preguntes por lo que le interesa, que le hagas reír, que le hagas sentir que es importante para ti. Porque cuando nos separamos recordamos cómo nos ha hecho sentir la otra persona: importante, querido, apreciado, escuchado… alguien. Nos hace sentir que somos especiales y que no solo merecemos su tiempo, sino que además disfrutan a nuestro lado. Porque en realidad eso es lo que todos queremos: sentirnos bien, que nos den cariño, cobijo, que nos quieran con nuestros defectos e inseguridades. Que nos den nuestro espacio y nos dejen brillar con luz propia.

Y ahora, ve a hacer feliz a alguien, pero recuerda: no intimidas. No dejes que otros intenten robarte tu brillo con semejante afirmación. Nunca.

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