Es mental

Respiras un poco más fuerte, aunque no puedes percibirlo. Lo intuyes porque cuando estás a punto de adelantar a alguien, mira hacia atrás según te acercas. Se ve que tu aliento te precede. Coge aire por la nariz, expúlsalo por la boca. Intenta hacer respiraciones profundas, acompasar los latidos, calmar el cuerpo para poder cumplir con el plan establecido.

Un paso, otro más… ya no tienes piernas. Eres un robot en funcionamiento, se suceden los movimientos mecánicos, se mezcla el sudor con el calor, el cansancio, el agotamiento. No, eso no, aún no has terminado tu ruta. No puedes darte por vencida, no debes dejar que eso ocurra. Pero… cuesta trabajo. Te duele el costado, parece que no has respirado todo lo bien que creías. Y sientes la alergia, que te ralentiza. Te pican los ojos – eso es que te ha entrado sudor. Hablando de sudor, si te intentan abrazar, te escapas cual pastilla de jabón recién usada. Mira, justo a tu derecha, tres amigas tomando una caña en una terraza. Anda, a la izquierda, un perrito muy mono – tienes unas ganas tremendas de parar para acariciarlo. Jo, se te ha metido algo en el ojo. Vaya, te acabas de tragar un mosquito – eso te pasa por no cerrar la boca. Si se veía venir. ¿Y estos pasos? Me acabo de ver reflejada en ese cristal y parezco alguien que necesite que le concedan la extrema unción. ¿Qué sentido tiene esto? ¿Por qué lo estoy haciendo? No valgo, no sé, no puedo. No voy a ser capaz. Es un esfuerzo inútil. No sirve de nada. No me luce. No me gusta. No me lo estoy pasando bien. No mejoro. No avanzo. Mira aquel, me ha adelantado como si nada. Me duele todo, quiero parar, no pienso volver a correr, no sé qué hago aquí, no entiendo por qué pensé que esto era una buena idea, no sé hacerlo, no puedo, no nací para esto. Me ahogo, quiero parar, no puedo un segundo más.

Miras Runtastic y no vas tan mal, has recorrido mucho más de lo que esperabas y encima lo has hecho rápido. No puedes parar ahora, no lo dejes. No dejes que tu cerebro te engañe, te diga que eres incapaz, te impida cumplir con tu plan de entrenamiento. Venga, un último empujón y llegas a casa. No tires la toalla ahora, deja de buscar excusas. Dile a tu demonio mental que deje de ponerte palos en las ruedas porque no piensas parar. Tu cuerpo puede, estás preparada. Solo te queda lo más difícil: callar las voces de tu cabeza. ¿Sabes por qué? Porque el deporte no es físico, es algo mental.

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