LUCES Y SOMBRAS

Qué complicados somos y qué poco lo sabemos. Cuánto nos gusta pensar que somos gente sencilla, cercana, simpática, fácil de conocer. Y qué pocas ganas tenemos de darnos cuenta de que no llevamos razón en absoluto. Nos equivocamos de cabo a rabo.

Estamos tan convencidos de que somos buenas personas, cariñosas, adorables, que se preocupan por los demás y se desviven por ellos, que olvidamos la realidad: nadie nos conoce, ni siquiera nosotros mismos. Y tenemos días en los que estar a nuestro lado es un verdadero placer: somos atentos, cercanos, serviciales y educados. Pero también existen los días en los que quien tenga que aguantarnos merece un premio a la mayor de las paciencias – seremos antipáticos, estaremos serios, contestaremos poco y mal, no estaremos de acuerdo con nada y querremos a la vez que nos dejen y nos hagan caso. Querremos que nos lean la mente, en definitiva.

Luces y sombras – eso es lo que nos define. Porque las personas no somos libros abiertos sino cuadros impresionistas de Monet con pequeños trazos que de cerca nos marean, pero de lejos nos enseñan un paisaje precioso. Porque somos bellos, nuestros pequeños defectos nos hacen únicos y especiales. Nuestras manías nos convierten en quienes somos y nos distinguen de los demás. Porque no somos planos, páginas con pocas letras – somos complejos, inconstantes, inaccesibles, herméticos, distantes, defectuosos.

Somos frágiles. Tenemos miedo de que el mundo que nos rodea no nos acepte porque nuestra autoestima es tan baja que nos impide entender que alguien pueda querernos con todas estas manías, todos estos defectos, estas taras, esos esqueletos que llevamos escondidos en el armario. Porque ya no somos niños, porque la vida ha hecho lo que ha querido con nosotros y porque hemos dado tanto tantas veces recibiendo nada a cambio o, lo que es peor, recibiendo insultos, patadas, desprecio. Recibiendo indiferencia cuando regalábamos amor. Y eso nos fue arañando el alma, encogiendo el amor propio. Cada ataque externo nos dejó una marca dentro, una marca que se une a otras, a otras y a otras más. Y que nos recuerda que no está en nuestra mano controlar cómo se comportan los demás. Y que, muchas veces, por mucho amor que demos… la persona al otro lado puede no tener absolutamente ningún interés por ver nuestros esfuerzos y el tiempo que le dedicamos.

Y nuestra fragilidad se convierte en cinismo. Porque perdemos, poco a poco, la fe en el ser humano y nos cuesta creer que haya personas puras de corazón, semejantes dispuestos a apoyarnos, a ayudarnos, a sentarse para mirarnos con ternura y darnos la mano. Nuestra mente de niño está enterrada bajo años de realidad desagradable y nos impide creer en los demás. Y nos hacemos duros, por fuera, y fingimos indiferencia, dureza. Hacemos comentarios crueles porque por dentro sufrimos, porque tenemos miedo de hacer el ridículo, porque preferimos atacar primero a ser sensibles y que todo se vuelva en nuestra contra. Porque tenemos miedo de sentir.

El cinismo nos lleva a actitudes impostadas, a personalidades fingidas que nos colocamos como el que se pone una chaqueta para protegerse del frío. Tenemos tanto miedo que no somos capaces de mostrar nuestra cara amable al mundo y salimos a la calle con coraza, con muchas capas, con muchas mentiras que ni nosotros mismos nos creemos. Y no queremos ver que nadie puede ayudarnos así, que no se nos ve la cara amable y que a los demás les va a costar mucho trabajo tendernos la mano, pararse a mirarnos a los ojos y ver lo hay que en nuestra alma.

Pero a veces hay personas que te paran, se cruzan en tu camino y te miran fijamente a los ojos. Y te ven, ven toda tu lucha interior y la entienden. Y te dan un abrazo, de esos que duran un poco más de lo normal, de esos que no son por compromiso. De esos que te hacen sentirte querido, valorado. De los que hacen que la coraza se rompa en mil pedazos y puedas sacar fuera lo que te ocurre, lo que te preocupa, lo que te está haciendo que lleves toda la semana ladrando a cualquiera que se te acerque. Y empiezas tu proceso de curación, te pones cara a cara con tus sombras y les dices que no tienes miedo, que no vas a dejar de quererte porque el camino se haya vuelto tortuoso, que vendrán días mejores en los que estas lágrimas sean sólo el recuerdo de un mal sueño.

Y esa persona te habrá demostrado que te quiere por tus luces y tus sombras, que tu fragilidad no es algo malo, que eres simplemente humano y necesitas cariño. Que nadie puede avanzar en este camino sin ayuda de otros y que muchas manos que se tienden en tu camino lo hacen para ayudarte, no para utilizarte ni ningunearte.

Entenderás que eres difícil pero que merece la pena dedicar todo el tiempo del mundo a quererte, a desenredar los nudos que llevas años creando dentro de ti. Al fin te verás a través de sus ojos y comprenderás lo que es el amor.

2 pensamientos en “LUCES Y SOMBRAS

  1. Es el yin y el yang de nuestras vivencias. Siempre seremos como nos quieran mirar por más que tratemos de mostrarnos; si que somos complicados pero en esta tierra nada es simple, quizá nos adaptamos a las circunstancias, a la situaciones. Siempre decimos a nuestros hijos, se bueno, trata bien a los demás .. Etc. pero que sucede cuando salen a la calle se topan con la realidad… Estamos realmente preparados?
    Es complicado el tema y me encanta que me hagas pensar sobre todo esto, aunque al final las conclusiones sean siempre incompletas. 🙂

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