Brunetina y el anuncio

Estaba Brunetina tumbada en el sofá viendo la tele y, como quien no quiere la cosa, se vio el nuevo anuncio de la lotería de navidad. Le puso atención, por aquello de que todos los años da que hablar, pero no se pudo sentir más decepcionada. ¿Están seguros de que eso es lo mejor que podían haber hecho?

Tradicionalmente se trataba de un anuncio que apelaba a la patata y que conseguía emocionar a todos. Consiguieron que se nos olvidara el famoso “calvo” haciendo otros anuncios tiernos o simpáticos. Pero quizás el querer estirar tanto la cuerda haya hecho que se rompa.

Este año ponen a una señora de avanzada edad que, según empieza el anuncio, está preparándole al nieto el desayuno. ¿Es el nieto un niño pequeño que no sepa hacerse un Cola Cao? No, señores, es un niño ya mayorcito que bien podría encargarse de hacerle él el desayuno a su abuela – si es que tiene algo de modales, que se ve que no va sobrado. Tan impresentable es que permanece en el sofá cuando ella le trae la bandeja, no da ni las gracias y sigue enfrascado en cualquier conversación estúpida que esté manteniendo vía móvil. Que todos tenemos cierta adicción a los chats y redes sociales, pero sabemos soltar la maquinita cuando nuestra abuela está dejándose los riñones preparando comida que ni necesitamos, ni hemos pagado, ni nos merecemos. Un mínimo de vergüenza torera, por favor. Vaya imagen damos presentando a un joven con esas formas.

No contentos con el inútil del nieto… Se ve que los que preparaban el anuncio (o decidían en qué se invertía dinero estas navidades), cogen el bote de Cola Cao pero le quitan la pegatina. Parece que no había dinero para pagar por poner ese bote en el anuncio – se ve que tienen otros gastos más importantes (quizás no en marketing o publicidad, porque el anuncio les ha quedado para llorar… pero de la pena que da cuando se ve esa birria).

Una vez que superamos el shock del inútil de metro ochenta y la señora esclava que es su abuela, se dirige ella hacia la tele para ver que le ha tocado. Obviamente, no ha sido así – la pobre mujer se ha confundido con el sorteo del año pasado y no sabe ni en el día que vive. Y el simpático del nieto no la saca de su error. ¿Para qué? Si es una vieja chocha y a nadie le importa lo que piense. Y en esa línea de pensamiento tenemos a todos los que participan de la pantomima, guardia civil incluida. Todo el maldito pueblo riéndose en la cara de una pobre señora que cree que le ha tocado la lotería.

Existen dos opciones para que la señora se equivocara: o parece demencia senil o, simplemente, tiene la torrija en todo lo alto. Y no sé si es más hiriente reírse de un demente o de una persona totalmente despistada por culpa de su edad. Porque en este país que ha adoptado la corrección política anglosajona no se puede decir nada de aquellos que no sean como la mayoría – por religión, costumbres o habilidades mentales o físicas – pero se puede uno pitorrear de la gente mayor porque se les tiene cero respeto. No le faltes al borderline, pero trata como idiota a una muer de 80 años. Claro que sí.

Nosotros, que tan modernos nos creemos, que tan internacionales nos vemos, que tan liberados estamos… somos los mismos de la época del destape y no tenemos la más mínima idea de lo que es la clase, el buen gusto o el respeto. Y por eso nos hacen un anuncio que es una verdadera basura y lo aplaudimos (muchos, a lo mejor otra gente también se saca los ojos con la cucharilla del café cada vez que se topa con semejante aberración). No es tierno, no es amable y no es bonito. Engañar a una señora por el simple hecho de que es mayor… es tratarla como si fuera tonta y no supiera lo que hace. Y ese final en el que el hijo va a hablar y ella lo calla, que te deja pensando que ella lo sabe pero finge por ellos… tampoco es bonito. Porque los ve más tontos que a sí misma, y no habla por no cortarles el rollo.

Querer a alguien no es mentirle ni reírle las gracias, sobre todo cuando eso implica que uno haga el ridículo delante de todo el dichoso pueblo. Querer a tu abuela es no dejar que sea tu esclava sino darle un beso y un abrazo cuando te hace el desayuno. Querer a tu madre es no dejarla que vaya de vecina en vecina haciendo el más espantoso de los ridículos. Quererla es decirle que no, que se ha equivocado, que vaya pena, que ojalá nos toque. Y decirle que te la llevas de comilona a ella y a toda la familia como premio, para festejar que la quieres y que os tenéis los unos a los otros. Y que a lo mejor al día siguiente podéis cantar que os ha tocado, si es que os toca. Pero que, por ahora, tenéis lo único que no se compra con dinero: el amor.

Respetar al público es hacer un anuncio de calidad, con buenos actores, con una historia bonita y emocionante. No buscar la lágrima fácil y no tirar de estereotipos manidos de posguerra. Querer a tu público es ofrecerles algo de calidad que les incite a comprar tu producto, que les haga tenerte respeto y querer invertir en aquello que les ofreces. Porque la navidad no es un puñado de gente triste y gris que monta un espectáculo de mentira para complacer a una loca, no. La navidad es mucho más que eso. Y con su maldito anuncio la empañan y la mancillan. Y le quitan su verdadero significado.

¿Y sabéis lo que cree Brunetina? Que tener un poco de honestidad es dimitir como jefe de esa campaña o directivo aleatorio que la aprobara, porque es una basura y tu empresa merece alguien que tome mejores decisiones. Ese es el espíritu navideño.

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