Brunetina y el Tinder

Esto, quieras que no, es curioso. Me ha costado llegar hasta aquí, pero me he instalado la aplicación. Una de ellas, porque resulta que existen miles. Qué locura, ¿cómo es posible que en 5 años con pareja me haya quedado tan desfasada? Antes las cosas no funcionaban así, pero se ve que ya no estoy a la moda. Y siguiendo la sabiduría popular de “renovarse o morir”, aquí me tienes.. con un perfil creado en una app para ligar. Yo, a mi edad y estas alturas de la vida. Sí, en esas me encuentro.

Cómo cambian los tiempos, las vueltas que da la vida. Aunque, si la historia es como un péndulo y solo vamos de un lado al otro, ¿volveremos a las costumbres pasadas? Podría ser, creo. Porque volvieron los cardados, los Hombres G, Raphael, el Dúo Dinámico, Pokémon, los calentadores y hasta los bodies. Vale que no ha vuelto el melón con jamón, pero quizás ese plato viejuno estaba condenado al ostracismo desde su creación.

Ya nadie pide salir. No ocurre, es así. ¿No recuerdas cuando el chico tenía que pedir salir a la chica? Ella se quedaba un poco cortada, ponía cara de total inocencia y al final decía que sí con un hilo de voz. En algunos casos hasta se ruborizaba. ¿Conoces a alguien que se ruborice a día de hoy? Piénsalo bien, es muy probable que se fusile al amanecer a quien ose a ser mínimamente tímido. No se estila, no se lleva, no está a la moda. Se considera una señal de debilidad. Lo que antaño era algo dulce y encantador, ahora es una clara muestra de inhabilidad social y de incapacidad para encajar con los estándares impuestos por los tiempos modernos. Porque en el mundo que nunca se calla, los tímidos están condenados al fracaso. En el mundo que premia el ego desmedido, los reservados son los apestados. En el mundo que aplaude al que insulta, grita, presume, habla sin saber, ridiculiza… el introvertido es un ser incomprendido que merece ser señalado y ofendido. ¿Influye que seamos adictos a los realities de televisión? Es muy probable, aunque no puede ser lo único que nos haya llevado a este punto, a este nivel de degradación y estupidez colectiva.

Pero, volviendo al tema en cuestión: ¿antes se ligaba diferente o es sólo la típica frase que uno dice cuando se hace mayor? Al fin y al cabo, el mismísimo Sócrates dijo que los jóvenes eran unos maleducados y no respetaban la autoridad. ¿Es posible que las apps sean menos dañinas de lo que uno piensa? ¿Es una simple evolución basada en las nuevas tecnologías? Antes las personas se conocían por amigos comunes o charlaban en eventos: museos, cines, bares, teatros. Ahora todo el mundo anda con la nariz pegada a la pantalla del smartphone chateando y dando likes en Facebook o Instagram – por no hablar de Snapchat y sus selfies con orejas de gato. Es más que lógico que eso derive en un cambio en la forma de socializar y, por ende, en la de cortejar o ligar. Cualquiera dice cortejar en los tiempos que corren, aunque la palabra es preciosa, no creo que debamos perderla. De hecho, me voy a proponer ponerla de nuevo de moda.

Bueno, que me despisto. Si ahora nos conocemos vía móvil, lo normal es que contactemos con las personas que nos interesan de la misma manera. Claro que puede parecer el mercado de la carne. Porque antes te presentaban a alguien de manera fortuita (o no tanto, pero daba esa impresión) y ahora tienes que instalarte una aplicación para ligar y llenarla de fotos en bikini, de copas, de fiesta, haciendo deporte. Un compendio de imágenes (retocadas, no se te olvide el filtro) por las que una persona que no te conoce absolutamente de nada y no tiene tiempo para hacerlo (está a la vez mirando eso, Face, Instagram, el chat y haciendo la compra, aparte de quedando para ir al gym luego con sus colegas) tiene que sentirse atraída hacia a ti y querer entablar una conversación. Y si tienes suerte y le gusta lo que ve, entonces empieza lo bueno. Y lo llamas “lo bueno” por decir algo. Porque te toca hablar con una persona a la que no conoces absolutamente de nada sobre algún tema lo suficientemente insustancial como para no ser una antigua pero lo suficientemente divertido como para resultarte atractiva. Y no olvides que estás sobre la cuerda floja. No serías la primera acosada en la web, con lo cual, recuerda estar pendiente a sus frases para no caer en la trampa de darle tu número de móvil a un desconocido y acabar con una foto (no pedida) de sus genitales en el móvil. Que puede que a estas alturas de la vida no te asuste, pero quizás no te resulte apetecible cuando estás en la cola de Starbucks a las 11am esperando para pedirte un Frapuccino que te quite el calor y la sed.

Una vez superadas todas esa barreras y concienciada de que vas a poder charlar con alguien interesante, caes en la trampa de pecar de modosita y le preguntas: “¿estudias o trabajas?”. Error imperdonable de novata. Existe una probabilidad altísima de que haya un pantallazo de esa conversación en varios chats de grupo. El chico tiene la clase de no reírse abiertamente, sino de contestarte que eres un poco clásica en tus preguntas. Claro, ya has metido la pata. Si es que tenías que haberle dicho que si tiene abdominales, que si le gusta el deporte o si hace algo esa noche. Pero no lo has hecho y te has ganado una medalla a la más torpe de las aplicaciones de ligue.

Y lo peor no es eso, lo peor es que te da exactamente lo mismo. El no tener la foto sexy, el no haber hecho el posado con morritos, el no salir en una foto de grupo de fiesta en Ibiza, el no encajar en lo que se espera de ti. Porque a ti lo que te gusta es que te cortejen, y que te saluden, y que te digan que tienes una sonrisa muy bonita, y que te abran la puerta, y que te inviten a cenar, y que te pregunten por tus aficiones, y que no te manden fotos de torsos desnudos. Porque, tirando de clásicos y haciendo caso a Rhett Butler en “Lo que el viento se llevó”, lo que le quieres contestar a tu amiga que te llama antigua por no ser adicta al Tinder es: “Francamente, querida, me importa un bledo”. Para luego responderle a su pregunta de cuándo vas a ponerte al día: “Ya lo pensaré mañana… Mañana será otro día”. Ay, Escarlata, ¡cuánto daño me has hecho!

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