Te lo mereces

Que seas la primera persona que tenga en la mente al levantarse y la última cuando cierre los ojos por la noche. Que cada mañana se despierte pensando en la suerte que tiene de que estés a su lado. Que te mire cuando duermes, como ausente, y no pueda evitar esbozar una pequeña sonrisa al ver tu cara de dormida. Dormida, despeinada, desmaquillada, desprevenida, descolocada… ausente. Que te vea guapa así. Que te lo diga. A diario. Guapa, sin más. Guapa, preciosa, ojazos, cuerpazo, bonita. Todos los días, a todas horas. Ese día en el que estás con la regla. Sí, ese día en el que te ves gorda, fea, hinchada, con pelos de loca, ojeras, piel cetrina, sin que nada te quede bien, incapaz de cuadrar la ropa, sin ganas de hacer nada. Ese día, también. Y en el que vienes sudada del gimnasio, en el que llegas estresada de la oficina, en el que has discutido con tu madre, en el que han despedido a tu compañero y amigo, en el que te has peleado con tu mejor amiga, en el que has tenido que sacrificar a tu perro, en el que la vecina te ha robado el ascensor, en el que se te ha ido el metro en la cara, en el que se te ha roto el tacón, en el que has tenido que andar descalza tres manzanas, en el que llegas sudada porque en el tren el aire no funcionaba y llevas varias horas en un horno de leña para humanos. Ese día, también.

Te lo mereces. Te mereces que te quiera. ¿Qué digo quererte? Te mereces que te adore. Que seas lo que más quiere en este mundo. Que no sepa vivir sin ti. Que no conciba la vida sin tu sonrisa, sin tu mirada, sin tu olor, sin tu sabor. Que no sepa cómo ha podido llegar hasta aquí sin conocerte. Que no entienda cómo ni cuándo sus pasos lo llevaron hasta a ti, pero que dé gracias por sus equivocaciones pasadas. Porque ellas fueron quienes lo encaminaron hacia su persona preferida del mundo: tú.  Tú, la que es tan guapa, estilosa, atractiva, inteligente, simpática, cariñosa, loca. Sí, que te quiera por tus defectos. No con ellos, y mucho menos negándolos, que te quiera por ellos. No eres perfecta, eres quien debes ser. Y él lo sabe y lo respeta. Y lo venera. Y por eso quiere conocerte cada día más. Y quiere saber la música que te gusta para oírla, para ir a conciertos contigo, para sorprenderte yendo a festivales o poniéndote tu canción preferida el día que más la necesitas. Y quiere saber lo que lees, para leerlo contigo y aprender juntos. Y quiere saber lo que ves, para compartir series y películas y actores y fotogramas. Para ir juntos al cine de verano y reír o llorar con tu estrella preferida. Y quiere saber lo que comes para poder cocinarte, para llevarte a restaurantes, para probar cosas nuevas contigo, para saber qué te hace feliz y cómo puede compartirlo contigo para que la experiencia sea perfecta.

Te mereces sentirte la mujer más irresistible de la faz del planeta. Y él conoce cada rincón de tu cuerpo, cuerpo que adora de todas las formas: con ropa de invierno, vestidos de verano, bikini, recién duchado o sudado. Te hace sentir la mujer más atractiva y deseada del mundo sólo con su mirada. Y tu piel responde a cada una de sus caricias como si hubieras nacido por y para sus labios y sus manos. Puedes sentir un escalofrío desde la nuca hasta los dedos de los pies con sólo uno de sus gestos.

Te mereces que quiera conocerte con pelos y señales. Que quiera conocer a quien te ha cuidado hasta llegar aquÍ: a tus amigos, a tu familia, a todos los que ocupan un rinconcito en tu corazón. Porque viene para quedarse, él no está de paso. Y por eso necesita conocerlos. No lo hace para hacerte feliz ni por cumplir, tiene un interés genuino en ellos. Porque ellos son ramificaciones de tu persona y todo lo que esté relacionado contigo le interesa. Le interesa porque eres tú. Porque está increíblemente agradecido de al fin haberte encontrado y no piensa parar hasta hacerse con un lugar permanente en tu vida. Y quiere beber sorbo a sorbo tu vida, tus anhelos, tus pasiones, tus deseos, tus alegrías y tus penas. Quiere ver a tu madre para saber de dónde ha salido esa persona tan maravillosa. Quiere ponerle cara a tu padre para saber quién es el hombre que más te quiere y te cuida en el mundo. Quiere conocer a tus amigos y acabar siendo amigo de ellos, porque ellos te conocen y ellos podrán ayudarle a prepararte sorpresas, fiestas, regalos y viajes. Porque juntos harán un equipo que lucha por y para ti. Porque esto es sólo el principio de la historia y toda buena historia necesita unos personajes principales que nunca fallan.

¿Sabes lo que te mereces? Que sea él quien te dé los buenos días y quien te escriba primero. Y que no tengas que jugar a tener una libreta de agravios sobre quién habla o escribe o manda algo. Porque cuando te habla, le hablas. Cuando le hablas, te habla. Siempre sabes que eres bienvenida. Sabes que te echa de menos cuando os separáis y que está deseando contártelo todo con pelos y señales porque no contempla vivir algo de lo que no puedas ser partícipe. No entiende la vida sin ti. No entiende la vida sin tus manías, tus ruiditos, tus días malos y tus días buenos. Sin tu olor. Sin ir cogidos de la mano paseando por la calle sin rumbo.

Lo sabes, lo sabes de sobra. Porque te pasa lo mismo que a él. A ti también te da un vuelco el corazón cada vez que cruzas una esquina y lo ves a lo lejos sonreír cuando cruza la mirada contigo. Te da un vuelco el corazón cuando sale su nombre en la pantalla del móvil todas las veces que te escribe, sin excepción. Y se te pone cara de tonta mirando el teléfono, contestándole, mandándole un simple icono de chat sonriente. Y cada mañana al abrir los ojos miras al lado y no te crees la suerte de poder seguir teniendo a esa persona a tu lado. No te crees cómo has llegado hasta aquí. Cuántas veces tiraste la toalla, cuántas veces pensaste que tu corazón maltrecho no volvería a amar. Y ahora: mírate. No entiendes la vida sin sus manías, sus ruiditos, sus días malos y sus días buenos. Sin su olor. Sin ir cogidos de la mano paseando por la calle sin rumbo.

Así que no me vengas llorando ni lamentándote ni contándome que no merece la pena, que el desengaño es demasiado fuerte, que esa relación que no te llena es mejor que estar sola, que prefieres no quedar con ese chico que te anda escribiendo, que tienes cosas mejores que hacer. Sigue luchando, no pierdas la esperanza, no pierdas la energía, no te dejes convencer por los agoreros. Suénate los mocos, lávate la cara, péinate esa melena loca, ponte tus mejores tacones, sacúdete el polvo de la caída, cúrate las heridas, ponte los labios rojos y sal a la calle. Y no te conformes con menos. Te lo mereces.

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