No lo sé

No sé si puedes oírme.  No sé si puedes verme. No sé si puedes hablarme, abrazarme, olerme, cuidarme, ayudarme, felicitarme, llamarme, mimarme, quererme.

¿Quién me va a querer así? Es curioso – cómo siempre nos centramos en lo que queremos al que se ha ido. Como si el que permanece fuera más humano, más real, más capaz de querer. ¿Y el ausente? ¿No nos quería acaso? ¿No tenía una forma única de querernos que no se va a replicar en ningún otro cariño futuro?

¿Dónde se va el cariño? ¿Se transforma? ¿Muta? ¿Se traspasa a otra persona? ¿Permanece sin el que lo profesaba? ¿Existe ya sólo en el recipiente del afecto?

No sé si tienes respuestas. No sé si puedes leer mis preguntas. No sé si puedes responderlas, resolverlas, calmarme, ayudarme, consolarme, entenderme, animarme.

¿Quién ocupa tu lugar? Es extraño – cómo te vas y dejas esta ausencia sin previo aviso. Como si el que permanece no tuviera derecho a réplica, a preguntas, a negarse. ¿Y el dolor? ¿No es tangible? ¿No es tan real como el hecho de que nunca más podremos ver al que se va sin decirnos adiós?

No sé si tiene sentido. No sé si tengo derecho. No sé si puedo quejarme, llorar, sufrir, recordar, reclamar, suplicar, preguntar, lamentar, añorar.

¿Sabes lo que me gustaría? Poder contarte lo que he estado haciendo estos casi dos meses desde que te fuiste. Hablarte de Madrid, del trabajo, del piso, de mis viajes. De la vida, en general. De todas esas pequeñas cosas que pasan en el día a día y que ya no puedo compartir contigo. De todo lo que te estás perdiendo. De todo lo que ya no podemos vivir juntas. De todo lo que no te puedo enseñar. De todas esas fotos que ya no verás y de todos esos regalos que ya no podemos hacernos.

Y así, sin haberlo anticipado, conozco el dolor. El llanto, el sufrimiento, los recuerdos, las súplicas, las preguntas, los lamentos, la añoranza… la ausencia. Tu ausencia. Tu espacio vacío. Tu rincón sin tu sonrisa, sin tus charlas, sin tus historietas, sin tus antojos, sin tus consejos, sin tus chismorreos, sin tus arrebatos. Tu rincón sin ti. Con todos los que nos hemos quedado esperando volver a verte pero no podemos creer que te hayas ido sin más. Con todos los que te teníamos tan cerca y tan a diario que nunca imaginamos que existiría un mundo sin ti. Sin tu sonrisa. Sin tu cariño.

¿Sabes cuánto te extraño? La de veces que he ido a llamarte. La de cosas que he ido a contarte. La de sitios que he querido que vieras. La de sitios que he visitado contigo en la mente.

Y así, sin haberlo intuido, conozco el duelo. Ese agujero en las entrañas que puedes tocar. Ese vacío interno que sientes en mitad de la noche o en medio de un día de sol. Esa certeza de que te han arrancado un miembro sin pedirte permiso. Esa sensación repentina de abandono. Ese ahogo en un momento feliz. Ese quebranto en un paseo por el parque. Esa nostalgia perenne que te hace recordar tiempos pasados como si hubieran ocurrido ayer. Esa bofetada cuando creías que el doliente es sólo una plañidera. Cuando al fin descubres que el nivel de dolor no se mide por la cantidad de lágrimas vertidas sino por la sensación de frío que te embarga cuando te quedas a solas. Esa cara de estupor por no saber ni cómo expresarlo ni a quién confesarlo ni cómo calmarlo.

No sé si puedes oírme. No sé si tienes respuestas. No sé si tiene sentido. Pero te siento cerca. Donde voy, vas. Cuando te hablo, me escuchas. Cuando te llamo, te encuentro. Cuando te pido ayuda, me la das. Cuando me desespero, me calmas. Cuando me dueles, te duelo. Cuando te pienso, me piensas.

¿Quién me va a querer así? Nadie, porque sólo tú podías hacerlo. Y nadie debe quererme como lo hiciste tú. Prometo seguir queriéndote igual.

¿Dónde se va el cariño? A ninguna parte, porque sigue en la persona que lo siente. Y nadie debe borrarlo. Prometo seguir sintiendo lo mismo.

¿Quién ocupa tu lugar? Nadie, porque ese es sólo tu lugar. Y nadie debe ocuparlo. Prometo conservar ese hueco tal y como lo dejaste.

No sé si puedes oírme.  No sé si puedes verme. Pero quiero hablarte, abrazarte, olerte, cuidarte, ayudarte, felicitarte, llamarte, mimarte, quererte.

Prometo seguir queriéndote. Prometo seguir sintiéndote. Prometo conservar tu hueco.

Prometo leer el libro que me regalaste.

¿Me prometes que volverás?

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